Situar la problemática de los medios
y las tecnologías en la educación, necesariamente significa aludir
al momento fundacional del campo de comunicación/educación en América Latina.
Este campo nace como estratégico en el contexto del proyecto desarrollista de
fines de los años 50 y comienzos de los 60. Como es sabido, la hipótesis del
Departamento de Estado de los EE.UU., del MIT y de la Universidad de Stanford,
entre otros (cf. Mattelart, 1993), es que una de las estrategias de pasaje de
las sociedades tradicionales (latinoamericanas) a una sociedad modernizada es
la incorporación de medios y tecnologí-as. Uno de los supuestos es que la
“tecnificación” produce un cambio en los modos de producción de las sociedades
tradicionales; otro, es que los medios instalan en esas sociedades las nuevas
ideas y formas de pensar, las conductas y prácticas modernas, los modos de
consumo y los gustos propios de las sociedades desarrolladas.
Además de la inclusión de tecnologías
en el mundo rural con el fin de desterrar las formas de trabajo tradicionales,
uno de los ejes del desarrollismo fue la incorporación de innovaciones
tecnológicas y de aparatos técnicos en la educación, a la vez que una cultura
de planificación (como racionalización de la relación entre medios y fines).
El supuesto, en este caso, es que esas incorporaciones incrementan
la calidad de la educación; una representación que se hizo
hegemónica en América Latina. A partir de allí, no sólo las políticas sino el
sentido común anudaron “incorporación de medios y tecnologías” con
“calidad de la educación”.
Sin embrago, como en todo
campo, inmediatamente se desarrolló una pugna por el significado de
la relación entre comunicación y educación. Una amplia corriente de impugnación
a la hegemonía desarrollista se desenvolvió en dos frentes “críticos”, al
menos. Uno fue el de la construcción de práctica de comunicación/educación
popular, que ya venían desarrollándose especialmente de la mano de las radios
populares, campesinas, mineras, etc., muchas veces articuladas con movimientos
insurgentes y revolucionarios. El movimiento de la comunicación/educación
popular, rápidamente se extendió por toda Amé-rica Latina y adquirió un vigor y
una riqueza que en la actualidad se ve renovada.
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